jueves, 21 de marzo de 2013

Basta de Historias


Acabo de leer “Basta de Historia”, el segundo libro de Andrés Oppenheimer. Me impresiona la investigación que hizo alrededor del mundo, para explicar por qué los países tienen el posicionamiento que tienen en Educación, Investigación e Innovación. Todos los Latinoamericanos deberíamos leer este libro, para entender a detalle ¿por qué estamos así?, y ¿qué cosas podríamos hacer para mejorar?.
Como indicador de medición, Andrés usa el resultado del test pisa, que es una prueba usada con jóvenes de 15 años para diagnosticar ¿cómo es la educación básica?. Con esto, hace una estimación de cómo será la innovación y el posicionamiento de esos países en el futuro.
Aquí comienzan mis reflexiones sobre este libro. Si en efecto no tenemos una base de educación sólida, el futuro que nos tocará no será bueno (cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia). El gran problema es, que las mejoras que hagamos sólo se verán reflejadas en 30 años o más, por lo que estamos perdiendo el tiempo y deberíamos ya haber comenzado.
De todo el libro, que es fascinante, sólo voy a compartir las cosas que más me impactaron y que podrían producir cambios inmediatos en cualquiera de nuestros países de Latinoamérica:
·         En Asia (Corea del Sur, Singapur, Tailandia, Japón) a los niños de bajo rendimiento, en vez de hacerlos repetir el año, le dedican el doble de atención, recursos (profesores) y tiempo; estos alumnos son llevados a salones aparte, de menos alumnos, donde les dedican más esfuerzo para que cierren la brecha con respecto a la media, es decir en vez de empujar hacia abajo, empujan hacia arriba!.
·         En Singapur, el gobierno otorga becas para que sus alumnos estudien afuera, pero también las otorga para que jóvenes de otros países sean estudiantes de intercambio en el de ellos, ya que una visión global logrará su objetivo a futuro.
·         En la mayoría de los países de Asia, hay Centros de Desarrollo Técnico (tan importantes como las Universidades) para los jóvenes que no desean estudiar carreras científicas. Allí se pueden certificar en una tarea, y de esta manera volverse especialistas – se imaginarán el nivel de servicio que dan.
·         En Finlandia, para alfabetizar a la gente, crearon un reglamento: para poder casarse se necesita saber leer y escribir. Aprovechando algo tan simple como la pasión de la población, sacaron provecho y acabaron con el alfabetismo.
·         En Israel, uno de los países de mayor generación de patentes por innovación per cápita, los jóvenes comienzan la universidad a los 22 años, para que estén más maduros. Antes de esa edad, prefieren que se alisten en el ejército (tema súper importante para este país) y que viajen por el mundo, para que tengan una visión más global. Israel tiene como cultura general, que los jóvenes deben estudiar ingeniería, matemática y materias similares para hacer un emprendimiento (o “start up” como lo llaman). Lo hacen sin miedo, les es natural (imaginen la cultura de innovación que vive el país por esta forma de pensar).
·         En las Universidades de Chile, todas las materias ya son en inglés, de esta forma desarrollan al joven en la carrera, pero listo para una visión y atención global. La última presidenta de Chile, para seleccionar a sus ministros, exigió que debían tener como mínimo, un doctorado en el exterior y alguna experiencia internacional, para que toda la política fuese basada en una apertura global y el desarrollo de país.
·         La gerencia de Obama introdujo en la compensación variable de los profesores, el resultado de los alumnos en el test pisa, y sus exámenes de entrada en la Universidad. Con eso no sólo conseguirían mayor compensación de la que ya tenían, sino reconocimientos públicos – simplemente brillante!.
Implementar algunos de éstos ejemplos, podría cambiar nuestro futuro, pero - como dice el autor - nuestros países se empeñan en seguir hablando del pasado, de Bolívar, de la victimización contra el mundo global, o de la famosa invasión del imperio. Si seguimos así, no vamos a comenzar a compararnos con los países desarrollados.
En las vísperas de una nueva elección electoral en Venezuela, sería clave comenzar a implementar estas estrategias y pedir a gritos:
“Basta de Historias”
¡Empecemos ya!